martes, 29 de mayo de 2012


Identidad, exclusión y racismo: reflexiones teóricas y sobre México.
Todas estas opiniones parten de un principio inherente en el ser humano, que es el de la diferenciación indiscriminada, comenzando por la parte fisionómica que por más que se quiera decorar y abolir poniéndole un disfraz de igualdad, la realidad los desnuda y la naturaleza de la comparación se impone, haciendo desde el primer momento de la existencia del ser humano, un mundo de extraños que conocen su diferenciación desde  los colores de la epidermis hasta las diversas formas de percibir el mundo.
La cultura encuentra entonces, en este escenario teatral de diferenciaciones, un papel propio a desarrollar, a partir de un choque de cargas culturas diferentes, donde, cada una es  productora de una interpretación del mundo pero encontradas en el mismo tiempo y espacio, y toda esta carga se vierte en una concluyente falta de entendimiento, que a su vez genera siempre  un vencedor y un vencido, con espacio para las mezclas entre una y otra cultura, pero con una definición clara de una mayor voluntad de poder de una sola de las partes, que se transformará en la cultura hegemónica.
En México los  indígenas son creadores de conflictos interesantes en cada momento de la historia y son inspiradores de discursos que la mayoría de las veces son realizados por personajes ajenos a sus conceptos de vida, que los convierte en, explotados, en marginados, en vulnerables, en protegidos, en apreciados, pero todas estas acepciones ya no tienen una diferenciación, es decir,  se vuelven iguales  a partir de sus propios creadores identificados y resaltados por una  única denominación verdadera, que es la de ser  excluyentes, porque parten de escribir de y por una otredad, creándose entonces toda una gama de alusiones que no llegan a acercarse a un término que pueda percibirse como unión.
De tal manera  que nos encontramos en una época llena de conflictos étnicos, pero no es un tema nuevo, los conflictos siempre han existido, existen y existirán de una u otra forma, por que no somos iguales, y de un individuo a otro se encuentra una gran brecha biológica, material e ideal.
La diferenciación por tanto es un acto natural en los seres humanos por que es una comparación donde sin saber con precisión que es por que la identidad es un término complejo y tan escurridizo que muchas veces parece inexistente, se puede elaborar de mejor manera un concepto de lo que no se es. Esto sirve de manera eficaz por que le da a los seres humanos un punto de “gravedad” para paradójicamente saber que es a partir de lo que es diferente. Por tanto la tolerancia es algo que se intenta predicar alrededor del mundo para que exista un mayor convivencia, sin embargo lo que esta en duda es la capacidad que pueda tener el hombre para poner en practica la tolerancia, esto se contrapone contra la naturaleza de la diferencia, el ser humano siempre compara para establecer patrones de codificación eso es algo inevitable.
El mexicano tiene muchos problemas para encontrar una identidad, si es que existe, desde sus orígenes la historia ha tenido problemáticas y cambios frustrantes que necesitarían del mejor psicoanalista para poder ser descifrados. Por tanto la diferenciación y la exclusión es parte de un mexicano.  Así, el mexicano es pero sin serlo, es la secreción de la contradicción, es el ornitorrinco de la sociedad, ese animal que es para los biólogos es una burla de la naturaleza, el mexicano para los cientistas sociales podría ser su equivalente social; de tal forma nos podemos encontrar con una cualquier definición de identidad del mexicano y estaríamos en lo correcto, pero si aseguramos que el mexicano no tiene una identidad tampoco erraríamos en nuestra definición.

EDGAR ALEJANDRO GUADARRAMA RUEDA.

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